En Móstoles, muchos bares, cafeterías y tiendas ocupan los bajos de los bloques que se levantaron en los años sesenta y setenta. Eso significa que el desagüe del local termina casi siempre en el mismo colector que usan los vecinos, a menudo la tubería original, que ha perdido sección por la cal. Cuando una cocina vierte grasa a diario, ese tramo compartido es el primero en cerrarse, y el problema deja de ser solo tuyo.
En los polígonos del noreste, Los Rosales y El Lucero, y también en Prado Regordoño, los avisos son de otra naturaleza: arquetas de patio llenas de lodo, arena arrastrada desde las zonas de carga o canaletas que no desaguan tras una tormenta. Ahí no sirve el mismo equipo que en una cocina. Hace falta caudal, toberas pensadas para sedimentos y, si el patio se ha inundado, una bomba para achicar antes de empezar.
Nuestra base está en Villanueva de la Cañada, cerca de Móstoles, y trabajamos con flota propia. Eso nos permite ajustarnos a tu calendario: limpiar la red de un restaurante antes del primer turno, entrar en una tienda el domingo o dejar lista una nave entre dos jornadas de carga. Y si el atasco no puede esperar, el teléfono de urgencias funciona a cualquier hora.