El Escorial crece mucho en verano. Buena parte del término la ocupan urbanizaciones y núcleos como Los Arroyos, El Alcor o Navalquejigo, y hay muchas segundas residencias que pasan el invierno cerradas y se llenan de golpe en julio. Ese arranque brusco es una de las causas más frecuentes de urgencias: sifones que se han quedado secos, arquetas con las hojas y la tierra de todo el año y acometidas en las que las raíces han avanzado sin que nadie lo notara.
A la vez, toda la red trabaja con más carga. Los colectores de las urbanizaciones reciben de pronto el agua de casas llenas, piscinas que se vacían y lavadoras sin descanso. Un tramo que funcionaba a medias en primavera puede cerrarse un sábado de agosto con la familia al completo y la cocina a pleno rendimiento.
El resto del año también hay trabajo. En el casco, alrededor de la plaza de la Constitución, los edificios conservan tuberías antiguas; en las parcelas, encinas y fresnos buscan las juntas, y las hojas y la arena colmatan los pluviales. En invierno, además, las heladas pueden dañar tramos exteriores. Venimos desde Villanueva de la Cañada con flota propia.